Notas al margen - Alberto Sala Mestres
15 de octubre de 2025
Desde principios del siglo XVIII La Habana se había convertido en una ciudad próspera, gracias a su estratégica situación geográfica que servía de punto de reunión de las flotas españolas que transportaban las riquezas adquiridas por la Corona en el Nuevo Mundo. El aumento de los ataques de piratas y corsarios, entre los que destacaba el pirata inglés Francis Drake (1540-1596), hizo evidente la necesidad de navegar en grupo y la bahía de La Habana ofrecía un lugar seguro.
El comercio había experimentado una gran expansión que requería ampliar los límites de la ciudad amurallada debido al crecimiento demográfico y como eje estratégico, y el Marqués de la Torre, Capitán General de La Habana y Gobernador de Cuba en el período 1771-1777, inició en 1772 la construcción de una nueva arteria conocida como Alameda de Extramuros, debido a la necesidad de dotar de nuevos espacios habitables a la ciudad ubicados en el exterior de la muralla de La Habana, en torno a la cual se agruparon las estructuras fundamentales de la ciudad, pasando a nombrarse posteriormente a semejanza de su homónimo madrileño.
Pocas calles habaneras son tan vistosas y transitadas como el Paseo del Prado o Prado a secas como también se le conoce en la actualidad. En el plano de la ciudad la vía ocupa actualmente el tramo que va desde la Plaza de la Fraternidad hasta el Malecón, pasando por el Parque Central y el edificio del Capitolio, que se asemeja a su homólogo en Washington.
A medida que se fue superpoblando La Habana, el Paseo del Prado se convirtió en el centro de la ciudad, pues iba más en consonancia con el nivel económico de la sociedad cubana de la época. Durante gran parte del siglo XIX, el Paseo estuvo reservado exclusivamente al uso peatonal; las damas burguesas saludaban con su abanico y los caballeros con la mano mientras recorrían el Prado y algunas bandas de música situadas estratégicamente en el Paseo acompañaban en ocasiones a los transeúntes.
Años después, en 1925, en el período del Presidente, General Antonio Machado, se realizaron diferentes obras de modernización de la ciudad y se rediseñó El Prado, convirtiéndolo en uno de los emblemáticos paseos peatonales de Hispanoamérica. Se pavimentó desde su inicio en las cercanías del Parque Central, con un hermoso suelo de terrazo y se incluyeron bancos de mármol a cada lado. Posteriormente, en 1928 se añadieron ocho estatuas de bronce de impactante realismo, realizadas por los escultores Jean Puiforcat y Juan Comas, quienes utilizaron para ello el bronce de un considerable número de cañones inservibles que habían protegido las costas cubanas de corsarios y piratas. Cuatro enormes leones se ubican en el centro del Paseo en la calle Colón, una pareja se levanta al final del Prado y las dos restantes guardan la entrada, que se ubica en el inicio de la cercana calle San Lázaro, frente a la entrada de la bahía. Cada día quienes recorren el Paseo del Prado se acercan a las imponentes estatuas, que parecen rugir por su impactante realismo.
En la confluencia de la calle Ánimas y el Paseo del Prado se inauguró en 1914 la sede del Casino Español de La Habana (ver foto infra) que había sido fundado en 1869. El artículo 1 de su Reglamento aprobado en 1905 y vigente hasta la disolución de la institución señalaba que "El Casino Español de La Habana es un centro que tiene por objeto, además de proporcionar a los socios los recreos y esparcimientos propios de la buena sociedad, promover y fomentar la unión entre los españoles residentes en esta República y procurar que se mantengan y acrecienten las corrientes de confraternidad entre la colonia española y el pueblo cubano".
En 1961 el Gobierno cubano expropió el inmueble del Casino Español, instalándose en el edificio la Casa de Cultura, junto a la sede del Sindicato de Artes y Espectáculos. Posteriormente, en 1966, se traspasa al Ministerio de Justicia que lo destina como Palacio de los Matrimonios, donde se realizan desde esa fecha los enlaces matrimoniales con un coste moderado para su celebración y fiesta posterior de los contrayentes.

Buenos dias Alberto::Sabio, luminoso y cautivador, como siempre encantador. Un fuerte abrazo
ResponderEliminarAlfonso Iñigo
Que paseo tan chulo, no tenía ni idea de que existía otro paseo del Prado por allá y en cuanto al casino, curioso el destino actual de Palacio de los matrimonios. Siempre aprendiendo contigo Alberto 🙏🫂
ResponderEliminarGracias Alberto. He estado 2 veces en La Habana, sin duda pasé por allí, pero me pasó desaparecido, recuerdo el Capitolio de camino a un festival de cine en una sala gigantesca.
ResponderEliminarTengo que volver. Prepara viaje, será inolvidable si vamos juntos.
Muy bonito e instructivo. A saber en qué estado estará hoy en día nuestro hermoso Paseo del Prado. Nadie lo ha llamado nunca Paseo de Martí, su nombre republicano oficial. Como tampoco a nadie se le ocurre llamar Avenida de Italia a la calle Galiano. Si la población ignoró siempre los nombres republicanos de las calles de La Habana y prefirió conservar en su día a día los nombres coloniales, cómo pretender que se arraiguen los nombres impuestos con posterioridad a 1959? Quién llamará Salvador Allende a Carlos III ? Fuerte abrazo, Alberto. MAG
ResponderEliminarHola amigo Alberto. Me parece muy interesante y siento mucho no conocer Cuba. Un abrazo.
ResponderEliminarEs muy bonito el paseo del prado de la Habana.Me gustaría poder ir y disfrutar de esa joya cubana
ResponderEliminarMuy interesante Alberto, un gran trabajo de investigación!!!
ResponderEliminarEspléndida descripción de la Habana, como si hubiéramos estado allí por esas calles. La curiosidad me ha llevado a mirar la Habana actual y me ha sorprendido la superposición que tiene. Alberto, siempre agradecida.
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