Walt Disney popularizó en 1995, con la película de animación, Pocahontas, cuyo coste de producción alcanzó los 55 millones de dólares, la historia sentimental del capitán inglés John Smith (1580-1631) y la princesa Pocahontas (1595-1617) que figura en su libro publicado en 1624 (1), y que es una de las crónicas más famosas y debatidas en la historia colonial de los Estados Unidos.
Mucho antes de que el citado marino inglés arribara al primer asentamiento británico en Norteamérica, el sevillano Juan Ortiz (1510-1542) había protagonizado un sorprendente episodio similar en Florida con una princesa nativa. Embarcado en la expedición de Pánfilo de Narváez nuestro protagonista había llegado en 1528, junto con el resto de españoles, a la bahía de Tampa, situada en la costa oeste central de Florida ubicada en el Golfo de México.
Al desembarcar, Narváez divide el contingente en dos, mandando uno a explorar la zona por tierra y el resto, en tres barcos, navegarían por la costa como apoyo a sus compañeros. Las naves prosiguieron su ruta sin percatarse de que la expedición terrestre intentaba regresar al punto de partida al no poder superar la resistencia de los nativos. Al llegar a la bahía de Tampa, Narváez envió un bote a la costa con cuatro marineros, incluido Ortiz, para obtener noticias de la expedición terrestre.
Los indios atacaron a los recién desembarcados, acabando con todos ellos salvo con Ortiz, que hubo de comparecer ante el cacique Hirrihigua de la tribu Tocobaga, quien dictó su condena a morir quemado vivo. Sin embargo su hija, denominada Ulele, intercedió por su vida con una frase que algunos historiadores citan: “poco daño puede hacernos un solo hombre”. A partir de entonces, Ortiz se convirtió en esclavo de la tribu, aprendiendo su lengua y costumbres.
Con el paso del tiempo el cacique no se fiaba de él y esta vez decretó su sacrificio a los dioses. Al enterarse Ulele avisó a Ortiz ayudándole a escapar, como cita Garcilaso de la Vega en uno de los capítulos del Segundo Libro de La Florida del Inca, publicado en 1605: “...no desconfíes de mí, ni desesperes de tu vida, ni temas que yo deje de hacer todo lo que pudiere por dártela, si eres hombre y tienes ánimo para huirte, yo te daré favor y socorro para que te escapes, y te pongas a salvo”. Le encomienda la vida de su enamorado a Mucozo, un indio de la tribu vecina, despidiéndose de Ortiz con estas palabras: “Encomiéndate a tu Dios, que yo no puedo hacer más en tu favor”.
Según reseña la Real Academia de la Historia (España) en la ficha correspondiente, Juan Ortiz fue rescatado en 1539 por la expedición de Hernando de Soto a La Florida, convirtiéndose en un eficaz guía e intérprete durante el largo recorrido de los soldados de Soto por el Sur de los actuales Estados Unidos. Los españoles buscaban la fuente de la eterna juventud, cuya búsqueda ya le había costado la vida a Ponce de León, y las inexistentes “Siete Ciudades de Cíbola”. Ortiz, junto al resto del grupo, atravesó los territorios de La Florida, Carolina del Norte y del Sur, Tennessee, Alabama, participó en la batalla de Mobile (1540, y estuvo en el descubrimiento del río Misisipi (en español). Sin embargo, su salud no pudo soportar un duro invierno más y murió a principios de 1542.
El libro de John Smith (1) en el que se incluye la historia de Pocahontas fue publicado en 1624, ochenta años después del fallecimiento de Juan Ortiz.
(1) John Smith, The General Historie of Virginia, New-England, and the Summer Isles: With the Names of the Adventurers, Planters, and Governours from Their First Beginning 1584, to This Present 1624. Véase en https://docsouth.unc.edu/southlit/smith/smith.html
Interesantisimo el relato Alberto.
ResponderEliminarInteresante artículo Alberto, Historias paralelas con finales distintos, ambos propios de otras épocas.
ResponderEliminarAlberto, siempre nos sorprendes y nos ilustras. Tu curiosidad nos nutre, nos entretiene y siempre nos sorprende.
Desconocía esta parte de la historia que le añade al clásico de Disney una perspectiva nueva para los que volvamos a ver la película con nuestros hijos. Enhorabuena
ResponderEliminarFantástica historia,...aprovecho y recomiendo "The New World" de Terrence Malick. Faltaría la peli de Juan Ortiz ;)
ResponderEliminarInteresante y desconocida. La historia de Juan Ortiz y Ulele es mucho más dura que el cuento de hadas de Pocahontas. En el caso de Ulele, he leído que no fue una princesa enamorada del extraño foráneo, sino una mujer que desafió a su padre, absolutamente increíble en esa época, en un acto de pura humanidad.
ResponderEliminarEstupenda tu investigación. Ole ole ole
ResponderEliminarBuenos dias Alberto:
ResponderEliminarCulto , claro y deliciodo
Como siempre encantador
Un muy fuerte abrazo
Alfonso Iñigo
Gracias, Alberto, por contarnos la genuina historia de Ulele y nuestro andaluz, ocurrida años antes de que naciera el inglés de Disney.
ResponderEliminarYo, como soy una romántica, hubiese preferido otro final: que Ortiz, una vez libre, hubiese podido reencontrarse con su amada, que seguro le habría cuidado en la cálida Sevilla para que no acabase sus días en los fríos parajes americanos, con sólo 32 años; muy joven, aun en el siglo que le tocó vivir.