Notas al margen - Alberto Sala Mestres
15 de noviembre de 2025
Durante
veintiún años estuve viviendo en Ginebra, época de la que guardo
un grato recuerdo y en la que llegué a conocer diferentes aspectos de
Suiza, así como de sus ciudadanos (1). Al ser un país sin salida al
mar, comparte fronteras terrestres con Alemania, Austria, Francia,
Italia y Liechtenstein y si algo caracteriza a Suiza es ser el país
del chocolate, los relojes y los bancos.
La
historia de la tableta de chocolate suizo se remonta a 1879, cuando
un prestigioso pastelero, Rodolphe Lindt (1855-1909), que tenía su
establecimiento en Berna, la capital del país, intentaba descubrir
la fórmula ideal de la tableta ya que entonces era muy laborioso
fabricarla y tenía una consistencia que impedía saborearla
adecuadamente.
En
aquellos años el chocolate era un material muy duro de fabricar y
difícil de degustar, ya que había que masticar demasiado. Lindt
quería
que fuese blando y agradable pero,
por más que lo intentara una y otra vez, su esfuerzo era en vano.
Para
encontrar un espacio adecuado para sus experimentos adquirió una
nave industrial abandonada en las afueras de la ciudad para proseguir
con su idea, utilizando materiales y fórmulas diferentes para
obtener el resultado que perseguía insistentemente. Nunca tuvo en
cuenta los consejos y advertencias de amigos y familiares para que
desistiera de su proyecto tras numerosos intentos fallidos.
Después
de realizar innumerables pruebas con diferentes procedimientos, en
una de ellas Rodolphe y su hermano Auguste observaron que en la masa
de chocolate se había creado una capa blanca en una curiosa forma de grasa
cristalizada que le daba al chocolate una textura muy peculiar. Durante mucho tiempo el chocolatero comenzó a pensar qué hacer para proseguir con su
nuevo descubrimiento, sin llegar a ninguna
conclusión; y se preguntaba si tenía que agregar más cacao a la
mezcla o cocinar la manteca durante más tiempo, entre otras recetas
ensayadas. Su obsesión por lograr la fórmula ideal le condujo a
decidir que la maquinaria empleada en la nave industrial continuara
funcionando incluso los fines de semana.
Uno
de esos lunes en los que Rodolphe comprobaba si el milagro había
sucedido, observó sorprendido y atemorizado que, en el tanque de
agitación de chocolate, la masa no estaba dura ni
quemada sino blanda, brillante y con un olor embriagador: había
creado el característico chocolate extrafino que le abriría las
puertas del éxito y desde esa lejana fecha, Rodolphe
y su chocolate Lindt son sinónimo de excelencia.
El
pastelero suizo es conocido también por inventar el denominado
conche,
el
agitador mecánico mencionado que utilizó para producir su
chocolate. Al proceso de refinación realizado con ese instrumento
se le conoce como
concheado.
(1) https://albertosala.blogspot.com/2020/11/vivencias-junto-al-lac-leman.html

Hoy el blog está muy dulce y me ha conducido directamente al cajón del chocolate que siempre tiene reservas.
ResponderEliminarLa obstinada actitud de Rodolphie ha dado muchos momentos de placer a todos y por éso es merecedor de que gracias a Alberto conozcamos su nombre y su historia. Alberto gracias.
Gracias Alberto. No sabía que habías estado tanto tiempo en Suiza, más respeto me mereces, yo no habría aguantado tanto.
ResponderEliminarEl que la sigue la consigue, gracias Rodolfo.
Pero no tenemos que olvidar que los primeros granos de cacao los trajo Hernán Cortés, allá por el año 1528 aproximadamente, según parece también es mérito de los españoles mezclarlo con azúcar vainilla y canela, para hacer una bebida más agradable que la que bebían los indios por aquellos lares.
Muchas gracias por tu artículo. Cuando llegué a Ginebra yo y mi compañera Ester Moritz nos comíamos una tableta de chocolate todas las tardes. Muchas gracias y abrazos.
ResponderEliminarHola Alberto, siempre aprendemos algo nuevo contigo!! Me acordare de Rodolphe al comer el chocolate Lindt…
ResponderEliminarMuy bien Alberto, hoy gracias a ti hemos conocido la elaboración de este suculento manjar.Sigue asi.Muchas gracias
ResponderEliminarCreo que don Rodolfo se merecería un homenaje porque habrá pocas personas en el mundo a las que les disguste el chocolate y Alberto otro por ilustrarnos sobre el tema.
ResponderEliminarY de parte de mi madre que le gusta mucho leerte y/o escucharte.👏👏🫂
Gracias por tu dulce relato y las pesquisas hechas para alcanzar la textura y sabor que nos hace adiptos a ese manjar
ResponderEliminarBuenas tardes:
ResponderEliminarInstruido.nitido y delicioso. como siempre encantador,
un fuerte abrazo
Alfonso Iñigo
Gracias Alberto. Mención especial se llevan también las bolas de Lindt, y recordemos de paso a nuestro compañero Ernesto, quien nos las obsequiaba, las famosas « bolas de Ernesto » 😀
ResponderEliminarQué interesante y curioso. Gracias, Alberto x hacernos partícipe de esta historia
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